Elogio a José Villa Soberón, Premio Nacional de Artes Plásticas 2008

José Villa Soberón

Queridos amigos, me honra profundamente realizar este homenaje al artista José Villa Soberón, amigo y muchas veces compañero en la creación.

Villa (Santiago de Cuba, 1950) pertenece a la primera generación de artistas formados durante el periodo fundacional de la Revolución, como parte de ella tuvo el privilegio de que su formación como artista marchara a la par de los años estremecedores y gloriosos de la naciente Revolución Cubana y entretejer sus sueños de creador con los espacios de plenitud y libertad creadora de las recién construidas Escuelas Nacionales de Arte. Sin dudas, la mejor arquitectura producida en los últimos 50 años y quizás una de las propuestas arquitectónicas más radicales y polémicas de nuestra historia. Al igual que sus compañeros y amigos llegados de todos los confines de la isla recibió de súbito, la primera lección de la creación, transmitida por esa atmósfera de formas exuberantes de las escuelas de arte: no existe límites para la imaginación y la invención.

Su formación, guiada por el excelente magisterio de Antonia Eiriz y Servando Cabrera, protagonistas audaces de lo mejor de la pintura cubana de aquel momento y por sus queridos profesores de escultura Enrique Moret y Armando Fernández es complementada en la Academia de Artes Plásticas de Praga donde realiza sus estudios superiores. Allí se forma en el rigor de la Academia y se impregna de la cultura y sensibilidad de esa impresionante ciudad. Vuelve a Cuba y en pocos años se aparta del lenguaje figurativo que con tanta maestría asimiló en Praga, afiliándose definitivamente a una abstracción casi minimalista, donde el creador ha manifestado sentirse cómodo y a sus anchas. Lenguaje que ha compartido en los últimos años, casi sin proponérselo con propuestas figurativas de amplia repercusión social y admiración ciudadana, realizadas casi siempre por encargo.

El prestigioso Premio Nacional que otorgan el Consejo Nacional de las Artes Plásticas y el Ministerio de Cultura ha decidido, mediante un célebre jurado, otorgar el premio 2008 a José Villa Soberón. Este premio en su caso es un merecimiento pluri-dimensional.

En primer lugar, Villa es el artista que de manera sostenida ha propuesto un arte de verdadera vocación ambientalista. Esculturas o más bien monumentos urbanos, a veces de carácter conmemorativo o puramente ambiental establecen un dialogo constante y activo con los diferentes espacios de la arquitectura, el contexto de la ciudad o los paisajes naturales donde se emplazan. Ha revelado mediante su obra el entendimiento e importancia de la ciudad y la arquitectura en la cultura contemporánea, enalteciéndolas constantemente con propuestas que han convertido en hitos significativos los espacios urbanos y la comunicación con el gran público, con ese ciudadano que transita a diario anónimamente por las calles y plazas de las ciudades cubanas y del mundo, donde ellas se localizan. Pero es en sus grandes obras conmemorativas, donde radica el otro aporte trascendental a nuestra cultura: están hechas desde el más honesto compromiso con una postura estética radical que deja fuera la tradición figurativa, de clásico monumentalismo realista, tan común en situaciones donde se esperan filiaciones estéticas falsamente ideológicas. Ejemplos importantes son los pórticos abstractos de la Plaza de la Revolución de Guantánamo, la fina alegoría que dio origen al monumento al Che en el Palacio de Pioneros José Martí, el bellísimo estandarte épico, flamígero y leve del mausoleo a los mártires del 13 de marzo o la parquedad, casi castiza, del monumento a José Martí en Madrid, entre otros.

Los artistas, arquitectos y urbanistas que hemos tenido la suerte de trabajar junto a Villa, compartimos la experiencia de su responsabilidad con la creación como una auténtica aventura sin límites y sin otro compromiso que no sea su propia y legítima eficacia. Hemos disfrutado junto a él su profunda convicción de que el arte contemporáneo, verdadero y definitivo está en la vida y en las calles del mundo.

La otra lección importante que recibimos de Villa, es que permaneciendo como un escultor de una militancia más que probada en la abstracción, ha tenido la suficiente sabiduría para ser plural y no detenerse en rígidas tendencias. Nos demostró con sus retratos escultóricos, que el atributo figurativo y realista también tiene cabida en el arte contemporáneo, si se hace con disposición e intencionalidad renovadora. Sus personajes, liricas esculturas de marcado acento romántico, se sientan tranquilamente a tomar el sol en un parque de El Vedado, conversan con Dios en el rincón del jardín de un antiguo convento, van por la calle alocadamente gentiles con libros y papeles bajo el brazo o toman con deleite un trago en un bar de La Habana. Pero estos protagonistas y otros de su creación nos recuerdan que son personajes de una humanidad tangible que rechazan al prototipo del héroe distante en su pedestal.

El otro merecimiento, que lo convierte en un artista excepcional es su pensamiento. Villa es un pensador profundo, su poder reflexivo y sus análisis siempre acertados, expresados con sincera valentía y mesura sobre los más diversos temas, le convierten en un contribuyente fundamental en cualquier razonamiento sobre la cultura y la plástica cubana. Esta brillante cualidad le confiere también a su obra una fuerza y valor conceptual inestimable.

Por último, creo firmemente que este premio prestigia y a la vez se ve prestigiado por un artista de una nobleza humana excepcional y de una espléndida generosidad. Un verdadero creador que ha sacrificado constantemente su tiempo en aras de propósitos sociales más abarcadores, bien como educador, decano de Artes Plásticas del Instituto Superior de Arte, presidente de la Asociación de Artes Plásticas de la UNEAC y ahora como su vice-presidente primero. Y es que en todas estas situaciones coyunturales en que Villa se ha visto involucrado como sin quererlo, lo ha hecho compulsado por todos nosotros que hemos visto en él, en primer lugar al artista que reacciona siempre como tal en cualquier situación. Villa es ante todo, en su proyección social un promotor cultural y un defensor indiscutible de los verdaderos valores de nuestra cultura. José Villa, junto a tu familia y amigos, las instituciones que te reconocen en este homenaje y los presentes en este acto, te deseamos una larga vida, un futuro de creación con la misma intensidad, trascendencia, fecundidad y profundidad de pensamiento que te ha hecho múltiple merecedor de este premio.

Muchas gracias.
José Antonio Choy López
La Habana, 27 de noviembre del 2008

Elogio a José Villa Soberón, Premio Nacional de Artes Plásticas 2008

Queridos amigos, me honra profundamente realizar este homenaje al artista José Villa Soberón, amigo y muchas veces compañero en la creación. Villa (Santiago de Cuba, 1950) pertenece a la primera generación de artistas formados durante el periodo fundacional de la Revolución, como parte de ella tuvo el privilegio de que su formación como artista marchara a la par de los años estremecedores y gloriosos de la naciente Revolución Cubana y entretejer sus sueños de creador con los espacios de plenitud y libertad creadora de las recién construidas Escuelas Nacionales de Arte. Sin dudas, la mejor arquitectura producida en los últimos 50 años y quizás una de las propuestas arquitectónicas más radicales y polémicas de nuestra historia. Al igual que sus compañeros y amigos llegados de todos los confines de la isla recibió de súbito, la primera lección de la creación, transmitida por esa atmósfera de formas exuberantes de las escuelas de arte: no existe límites para la imaginación y la invención. Su formación, guiada por el excelente magisterio de Antonia Eiriz y Servando Cabrera, protagonistas audaces de lo mejor de la pintura cubana de aquel momento y por sus queridos profesores de escultura Enrique Moret y Armando Fernández es complementada en la Academia de Artes Plásticas de Praga donde realiza sus estudios superiores. Allí se forma en el rigor de la Academia y se impregna de la cultura y sensibilidad de esa impresionante ciudad. Vuelve a Cuba y en pocos años se aparta del lenguaje figurativo que con tanta maestría asimiló en Praga, afiliándose definitivamente a una abstracción casi minimalista, donde el creador ha manifestado sentirse cómodo y a sus anchas. Lenguaje que ha compartido en los últimos años, casi sin proponérselo con propuestas figurativas de amplia repercusión social y admiración ciudadana, realizadas casi siempre por encargo. El prestigioso Premio Nacional que otorgan el Consejo Nacional de las Artes Plásticas y el Ministerio de Cultura ha decidido, mediante un célebre jurado, otorgar el premio 2008 a José Villa Soberón. Este premio en su caso es un merecimiento pluri-dimensional. En primer lugar, Villa es el artista que de manera sostenida ha propuesto un arte de verdadera vocación ambientalista. Esculturas o más bien monumentos urbanos, a veces de carácter conmemorativo o puramente ambiental establecen un dialogo constante y activo con los diferentes espacios de la arquitectura, el contexto de la ciudad o los paisajes naturales donde se emplazan. Ha revelado mediante su obra el entendimiento e importancia de la ciudad y la arquitectura en la cultura contemporánea, enalteciéndolas constantemente con propuestas que han convertido en hitos significativos los espacios urbanos y la comunicación con el gran público, con ese ciudadano que transita a diario anónimamente por las calles y plazas de las ciudades cubanas y del mundo, donde ellas se localizan. Pero es en sus grandes obras conmemorativas, donde radica el otro aporte trascendental a nuestra cultura: están hechas desde el más honesto compromiso con una postura estética radical que deja fuera la tradición figurativa, de clásico monumentalismo realista, tan común en situaciones donde se esperan filiaciones estéticas falsamente ideológicas. Ejemplos importantes son los pórticos abstractos de la Plaza de la Revolución de Guantánamo, la fina alegoría que dio origen al monumento al Che en el Palacio de Pioneros José Martí, el bellísimo estandarte épico, flamígero y leve del mausoleo a los mártires del 13 de marzo o la parquedad, casi castiza, del monumento a José Martí en Madrid, entre otros. Los artistas, arquitectos y urbanistas que hemos tenido la suerte de trabajar junto a Villa, compartimos la experiencia de su responsabilidad con la creación como una auténtica aventura sin límites y sin otro compromiso que no sea su propia y legítima eficacia. Hemos disfrutado junto a él su profunda convicción de que el arte contemporáneo, verdadero y definitivo está en la vida y en las calles del mundo. La otra lección importante que recibimos de Villa, es que permaneciendo como un escultor de una militancia más que probada en la abstracción, ha tenido la suficiente sabiduría para ser plural y no detenerse en rígidas tendencias. Nos demostró con sus retratos escultóricos, que el atributo figurativo y realista también tiene cabida en el arte contemporáneo, si se hace con disposición e intencionalidad renovadora. Sus personajes, liricas esculturas de marcado acento romántico, se sientan tranquilamente a tomar el sol en un parque de El Vedado, conversan con Dios en el rincón del jardín de un antiguo convento, van por la calle alocadamente gentiles con libros y papeles bajo el brazo o toman con deleite un trago en un bar de La Habana. Pero estos protagonistas y otros de su creación nos recuerdan que son personajes de una humanidad tangible que rechazan al prototipo del héroe distante en su pedestal. El otro merecimiento, que lo convierte en un artista excepcional es su pensamiento. Villa es un pensador profundo, su poder reflexivo y sus análisis siempre acertados, expresados con sincera valentía y mesura sobre los más diversos temas, le convierten en un contribuyente fundamental en cualquier razonamiento sobre la cultura y la plástica cubana. Esta brillante cualidad le confiere también a su obra una fuerza y valor conceptual inestimable. Por último, creo firmemente que este premio prestigia y a la vez se ve prestigiado por un artista de una nobleza humana excepcional y de una espléndida generosidad. Un verdadero creador que ha sacrificado constantemente su tiempo en aras de propósitos sociales más abarcadores, bien como educador, decano de Artes Plásticas del Instituto Superior de Arte, presidente de la Asociación de Artes Plásticas de la UNEAC y ahora como su vice-presidente primero. Y es que en todas estas situaciones coyunturales en que Villa se ha visto involucrado como sin quererlo, lo ha hecho compulsado por todos nosotros que hemos visto en él, en primer lugar al artista que reacciona siempre como tal en cualquier situación. Villa es ante todo, en su proyección social un promotor cultural y un defensor indiscutible de los verdaderos valores de nuestra cultura. José Villa, junto a tu familia y amigos, las instituciones que te reconocen en este homenaje y los presentes en este acto, te deseamos una larga vida, un futuro de creación con la misma intensidad, trascendencia, fecundidad y profundidad de pensamiento que te ha hecho múltiple merecedor de este premio. Muchas gracias. José Antonio Choy López La Habana, 27 de noviembre del 2008
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