Presentación del libro José Villa. Esculturas

José Villa: entre la sobriedad, la elocuencia y las negaciones
Carina Pino Santos La Habana

El libro-catálogo José Villa. Esculturas fue presentado por el arquitecto Mario Coyula en el Museo Nacional de Bellas Artes ante un numeroso público, en un acto presidido por Abel Prieto, ministro de Cultura y Rafael Acosta de Arriba, presidente del Consejo Nacional de las Artes Plásticas

“Si Villa no dice más en sus esculturas, es porque no hace falta o porque no quiere. Esa obra lo rebasa ya, como los hijos a los padres cuando empiezan a vivir su propia vida”, expresó el prestigioso arquitecto Coyula, quien en su intervención resaltó la figura del artista como uno de los escultores más importantes de la Isla capaz de enfrentar por ejemplo con enfoques renovadores las debilidades y carencias por las que ha atravesado la escultura conmemorativa, y de paso se refirió a aquellas desafortunadas por empobrecidas selecciones de proyectos que se realizaran en determinado momento en Cuba, para posteriormente calificar la obra del escultor de estrategia victoriosa, como aquella de un ecléctico que toma lo que necesita de fuentes diversas y lo hace con talento verdadero.

El catálogo (traducido al inglés) contiene dos textos, uno sobre la obra escultórica de Villa, de la Doctora María de los Ángeles Pereira, en la actualidad, la voz más autorizada en el tema de la escultura en Cuba; otro más breve y específico de Abel Prieto, titulado “Sobre Villa, la Madre Teresa de Calcuta, Lennon y la 'sobriedad elocuente'”, le continúa una sección catálogo que incluye treinta y seis ilustraciones de obras, y para finalizar una Cronología del artista, todo con un diseño atractivo, del que puede destacarse el empleo de imágenes de las estructuras geométricas reiteradas en algunas de sus piezas y el empleo de fotos de Villa en el acto duro del oficio de escultor, de manera fresca y sugerente. Aunque hubiera sido más enriquecedor aún que la edición contuviera otros anexos necesarios como una Bibliografía General del artista, además de la activa que se especifica al pie de las piezas.

El ensayo de María de los Ángeles Pereira posibilita un recorrido por la trayectoria general del artista, sin dejar de vincular a esta su labor docente y de dirección en la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba. A lo largo de este itinerario, no hay, por cierto, escultura de importancia que deje de ser examinada por la historiadora del arte en el contexto cambiante de la creación de Villa. Su discurso devela la evolución de este y la califica, desde el inicio, “cual compendio de negaciones y como artista demoledor de estereotipos”. Estructurado en cuatro partes, la especialista inicia en la primera de su texto, el fundamento de aquellas, y hace énfasis en la contribución del creador.

“De modo que, en un país donde parece muy difícil hacer esculturas, donde a la escultura se le ha llamado 'la cenicienta de las artes plásticas' y se le ha juzgado comúnmente en tiránica comparación con la pintura en términos de 'crisis' y de 'saltos', Villa es un escultor de sostenida y exitosa trayectoria. No hay un solo crítico que se haya permitido omitirlo en sus recuentos, que le objete su excelente oficio, que se atreva a poner en entredicho su talento. Pueden considerarlo, quizás, la excepción que confirma la regla. Pero en verdad se trata de otra de las muchas negaciones que él encarna. El quehacer artístico de Villa es la radical negación del mito de la mal llamada 'cenicienta', la rotunda negación del triste sino de la escultura cubana.”

El quehacer de Villa en la escultura conmemorativa es el segundo de los aspectos examinados por Pereira, y en el que salva la obra del artista en un entorno de esta manifestación que no ha sido precisamente el más encomiable en la Isla. De toda su producción, resalta la obra dedicada al Che y el Mausoleo a los Mártires del 13 de Marzo.

A las columnas escultóricas, una forma reiterada por el artista en su producción, dedica la tercera parte de su examen que alcanza a otras esculturas como Canopus y Sirio, una suerte de punto de llegada de la forma columna, ahora cual “etéreas y soberbias barras metálicas” al decir de Pereira, quien en la última y cuarta sección de su texto, comienza por abordar el año 2000 cuando comienza a trabajar las esculturas ahora afamadas como El caballero de París, el Hemingway del Floridita o el Lennon, sin dejar de establecer con claridad que, sincrónicamente, se encontraba realizando otras que se hallan más alejadas estilísticamente como el chip MX35P instalado en la Universidad de Ciencias Informáticas.

Por su parte, el texto sucinto y matizado por su característico humorismo, de Abel Prieto constituye, sin duda, un homenaje a la obra toda de Villa a través del ejemplo concreto de la Madre Teresa de Calcuta emplazada en el Convento de San Francisco de Asís, y de su Lennon. Para el escritor la clave de ese éxito se halla en “un trabajo magistral donde esa síntesis suya de sobriedad y elocuencia, alcanzó, como diría Lezama, su definición mejor…”
Para finalizar el propio artista en su intervención aprovechó para agradecer a todos aquellos que no solo intervinieron en su libro, sino también en su obra, es decir, fundidores, soldadores, impresores no quedaron exentos de esta mención, y lo destacó dado el carácter público y en muchos casos a modo de equipo que ha debido realizar para crear su obra.
El libro de arte, con una tradición exigua en Cuba, recibe, ciertamente, nuevos impulsos a través de este tipo de contribuciones que los artistas posibilitan desde su colaboración individual que vinculan (en determinados casos) al apoyo de las instituciones. Se trata de aportes que llenan, sin duda, espacios bibliográficos necesarios para la cultura cubana.