Viva Villa
Mario Coyula La Habana, junio 23, 2005

¡Viva Zapata! no fue ciertamente una buena película, aunque la haya dirigido un camaleón talentoso como Elia Kazan, con ese monstruo de actor que fue Marlon Brando. Dos años antes había nacido José Villa, un santiaguero atípico que en el medio siglo siguiente ha dejado ya una desbordante obra plástica que siempre convence y a menudo sorprende. Esto, lamentablemente, es también poco usual en una manifestación como la escultura de gran formato, que se hace por encargo y por lo tanto resulta tan dependiente del gusto del comitente.

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Presentación del libro José Villa. Esculturas

José Villa: entre la sobriedad, la elocuencia y las negaciones
Carina Pino Santos La Habana

El libro-catálogo José Villa. Esculturas fue presentado por el arquitecto Mario Coyula en el Museo Nacional de Bellas Artes ante un numeroso público, en un acto presidido por Abel Prieto, ministro de Cultura y Rafael Acosta de Arriba, presidente del Consejo Nacional de las Artes Plásticas.

Lanzamiento del catálogo

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La escultura de Villa
María de los Ángeles Perera

Que muchas personas identifiquen a José Villa como “el escultor del Lennon”, es perfectamente normal -porque es un hecho cierto-; que sea un artista bastante popular -por ser también el autor de El Caballero de París, del Martí de la Fragua, y del Hemingway del Floridita-, es absolutamente lógico; pero que -por lo mismo- se le asuma como un escultor figurativo es un contrasentido, una contradicción, una más en el compendio de negaciones que abarca su larga trayectoria. Y es que Villa ha sido, en verdad, un demoledor de estereotipos en su quehacer artístico, en su vida profesional y hasta en su proyección vital como persona.

 
 

Sobre Villa, la Madre Teresa de Calcuta, Lennon
y la “sobriedad elocuente”

Abel Prieto

Sé que eso de “sobriedad elocuente” suena horrible (parece algo de alcohólicos anónimos);pero ahora no encuentro otros términos para nombrar la capacidad que permite a Villa decir mucho, muchísimo, realmente, sin estridencias ni discursos ni gestos teatrales...